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Miércoles, 8 de Septiembre de 2010 - 1:33
         
Nos jodió una paloma
Rafa Ávalos 24-07-2010, 13:28

Se jodió el invento. Esa expresión tan impersonal pero tan utilizada en estos lares regados por el Guadalquivir viene que ni pintada -una de tópicos- para definir la situación actual del deporte cordobés. De todos es sabido que ese ámbito no es uno de los mejor desarrollados en la ciudad de los califas, pues si algo nos queda siempre es el ostracismo, ya sea en fútbol, baloncesto, fútbol sala o balonmano.

Pero ojo, porque en la mayor parte de los clubes la responsabilidad no es de sus gestores. Sino que se lo pregunten a los gestores del Deportivo Córdoba, equipo que, de la mano de David Díaz, ha conseguido varios títulos en las dos últimas temporadas, entre ellos dos ligas consecutivas. Sin embargo, y sin precio alguno de entrada, Vistalegre no logra superar los cien espectadores en los encuentros que disputan las chicas que más han regalado a Córdoba en materia deportiva.

También se le puede cuestionar a los rectores del Priego Tenis de Mesa, conjunto que suma lustros y más lustros en la elite, jugando incluso en la máxima competición europea. O a los dirigentes del Córdoba Balonmano, que luchan contra viento y marea por la ilusión de su disciplina. Lo hacen, además, con la cabeza bien amueblada y con la mirada puesta en la cantera, en los chavales que algún día, seguro, lograrán, si el ostracismo personificado en esta ciudad se lo permite, llevar a lo más alto al balonmano cordobés.

Peor es el experimento del Córdoba Baloncesto 2016, que tiene en su haber una condición que ahora se aparece como premonitoria: es el primer equipo de la capital en tirar de un sponsor no cordobés, Cajasol. El básquet hace tiempo que desapareció del mapa deportivo de la ciudad, a pesar de los múltiples esfuerzos de hombres como Martín Torres, Santi Gisbert o Rafa Gomáriz por acabar con esa tónica.

Sombrío es el futuro si se mira al pasado y se contempla el presente. Atrás quedan proyectos que dieron grandes éxitos y regalaron tardes de gloria a los pocos aficionados que, aún a gratuidad de entrada para los partidos, se dignaban de asistir a los encuentros de esos equipos. Adecor, Córdoba Voley o Adecor Voley, por no utilizar la denominación de sus patrocinadores, que les dieron la patada y dejaron en el abandono y desaparición, quedaron en el camino.

El Grupo Pinar de fútbol sala llegó a luchar por el ascenso a la máxima categoría de este deporte en España, pero Adecor no pudo aguantar sin el sustento de esa empresa. El Córdoba Voley tropezó después del Adecor Voley, o lo que es lo mismo, el Cajasur cayó tras Maná Inversa 3.000, ambos cuando se encontraban en la Superliga femenina, la liga de las estrellas del voleibol español. Y después de todo eso... Nada, ostracismo y más ostracismo.

Como colmo de males se presenta el hecho de que el Córdoba CF suma casi cuatro décadas sin pisar la que ahora se llama Liga BBVA. Los viejos del lugar se tienen que conformar con recordar tiempos pretéritos, mientras que los más jóvenes han de tirar de las tan denostadas batallitas de los mayores para saborear de alguna forma los éxitos que el club tuvo allá por los sesenta y principios de los setenta.

Ahí se resume la realidad del deporte cordobés. Pero, como decía, por si no fuera poco con todo esto; con la mediocridad interesada, a la hora de participar, de instituciones públicas y privadas, y con la increíble pasividad de la afición, viene una paloma y nos termina de joder el invento. Una paloma vestida de negro y con alzacuellos que casi guillotina las pocas esperanzas de supervivencia de casi todos los clubes de la ciudad y alguno de la provincia.

CajaSur se fue al traste el pasado 21 de mayo. Mejor dicho, al mismo carajo se había ido hace ya mucho tiempo. Y ahora, los que antes callábamos impasibles, nos miramos con asombro, algo perplejos: lo nuestro está en Bilbao. Kutxa tú que las cosas son por algo. La culpa de que todas las miradas de ahorradores cordobeses se dirijan a Euskadi no es ni de la BBK ni del Banco de España -aunque esta última entidad haya dado un empujón importante a la insignificancia, dentro del país, de Andalucía-.

La responsabilidad de que Córdoba busque aire que respirar a cinco mil metros de profundidad bajo el mar no es de quienes intentan sacar adelante una caja en bancarrota. La responsabilidad de que los clubes cordobeses vean peligrar no sólo la continuidad del ostracismo sino su supervivencia no es de ellos. La responsabilidad es de quienes cubiertos de alhajas gubernamentales y piropos narcisistas llevaron, poco a poco pero con el permiso de todos los cordobeses y cordobesas, al fin a CajaSur.

Aceptar la fusión con Unicaja hubiera significado la salvación de una entidad que pierde su identidad, de los clubes que ahora pretenden encontrar refugio en el regazo de la BBK o Cajasol. Pero no era justo que después de gestionar de forma horrible una caja que ocupaba un lugar prioritario a nivel nacional, los señores de la Iglesia perdiesen dos millones de euros para sus arcas en el Cabildo -de ocho a seis pasaba, con la fusión con Unicaja, la prestación que recibía la institución-.

Por eso, tras años de jugar a promotores inmobiliarios, de meterse en el fango de la burbuja o creerse un holding de empresas, además de otros desfases como la multimillonaria póliza de Miguel Castillejo, los curas buscaron lo mejor: el suicidio y la redención y perdón a sus pecados. Ahora, todos acojonados, no sabemos qué sucederá con nuestros ahorros y nuestro maltratado deporte.

No es el País Vasco ni España el problema. El invento nos lo jodió una paloma, con una cagada monumental. Quizá va siendo hora, ya, de dejar de mirarnos al ombligo y expiar nuestras culpas, que son sólo nuestras y de nadie más.

http://encordobes.blogspot.com



 
     

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