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Exigencia

Firma invitada: Antonio del Castillo, Antonio del Castillo, Periodista (29-02-2012), 22:26

Recientemente, una interesante entrevista a Paloma del Río, la voz de TVE en algunos de los deportes llamados minoritarios, me hizo reflexionar sobre qué y cómo debe ser entendida la exigencia. La exigencia con respecto a los demás y con respecto a nosotros mismos, la autoexigencia, tan vacía estos días.

La periodista contaba cómo, cuando le encargaron las retransmisiones de gimnasia a su llegada al canal, se formó en este deporte. No le bastó con acudir a decenas de bibliotecas (hoy lo tendríamos a golpe de clic) en busca de información, sino que su avidez le llevó a cursar el título de jueza en gimnasia. Pues bien, eso que parece una actitud desmedida, que incluso llega a rozar la locura, no lo es tanto. A los resultados me remito. Del Río es una eminencia en conocimiento de la gimnasia, rítmica y artística, que no es lo mismo. En la televisión actual se echan en falta más Palomas del Río.

Escuchar hoy día a algunos narradores de televisión chirría. Por suerte (o desgracia), la plasticidad del juego del Córdoba le ha llevado a ser uno de los equipos seguidos por los operadores de televisión, esos mismos que encargan a un puñado de analfabetos en Liga Adelante, una categoría totalmente ignota para ellos, contar lo que pasa. Contar no es narrar, al igual que informar no persigue desinformar, como es evidente. Narrar significa mucho más. Significa, o eso debería, no perder el respeto a la audiencia, al menos no timarla. Para narrar hay que informarse, documentarse.

La realidad es bien diferente. Los productos low cost (en calidad) se han impuesto. Nombres inventados, datos incompletos, rumores que alcanzan la categoría de noticia plagan estas pseudoretransmisiones. Por si no lo saben, les desinformo: Javi Hervás está en la órbita de un conjunto andaluz y Juan Fernández juega de blanquiverde. Con algo de autoexigencia, quizás sería diferente.

Tampoco pecan por exceso, sino más bien por defecto, de esta cualidad los árbitros. Poco exigentes consigo mismos, parecen haberse lanzado a una absurda competición en ser el que comete la sandez más aberrante. Quizás porque mi memoria sea corta, creo que Lesma López ha tomado la delantera, aunque no me olvido de Pino Zamorano y alguno más de su especie.

Cansados del agotador descanso semanal al que están sometidos, han alcanzado el deseado estatus de ser una especie privilegiada. Una superclase sin pedigrí. Llegar, pitar y cobrar. Poner la mano por una burrada de pasta y sin apenas consecuencias en caso de no cumplir con lo pactado. ¿La nevera? Teniendo un buen fajo de billetes en el bolsillo no importa gozar de algún descansito al año. Sin duda, no hay otra profesión igual.

La ausencia de exigencia es temerosa, es peligrosa, tanto en la vida como en el fútbol. Conduce a caer en el conformismo más absoluto, en la ausencia total de metas, en la mediocridad. Así, sin conocer cuál deber ser el objetivo, es imposible descubrir cuáles son los métodos para alcanzarlo. El fracaso es el final más probable.

La exigencia no debe ser entendida como una pretensión exagerada ni desmedida hacia el éxito, sino como un camino hacia la perfección, un camino hacia el buen hacer, ése que practica este Córdoba. Ha aprendido, ha evolucionado. Sabe la meta y parece conocer cómo llegar a ella. Ahora, más que nunca, hay que ser exigentes, autoexigentes.

Twitter: @AdelCastillo85



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